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16/09/2026

TDAH en mujeres: cómo el masking puede contribuir al infradiagnóstico y al burnout

Autoría: Iciar Iturmendi

TDAH y masking: cuando las dificultades pasan desapercibidas

“Pero si sacas buenas notas”. “Pero si nunca has dado problemas”. “Pero si eres muy responsable”. “Pero si no se te nota”.

Muchas niñas y mujeres con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) crecen escuchando estas frases. Pero, a veces, que algo no se vea no significa que no exista.

En los últimos años ha cobrado fuerza el concepto de camuflaje o masking: el conjunto de estrategias que una persona utiliza para ocultar, compensar o disimular características propias de trastornos del neurodesarrollo como el autismo o el TDAH y adaptarse mejor a las exigencias del entorno (Hull et al., 2017, 2019). En el caso del TDAH, esto puede traducirse en perfeccionismo, sobreesfuerzo, hipercontrol o ansiedad.

Son niñas que no molestan en clase, que sacan adelante los estudios y que parecen desenvolverse adecuadamente, pero a costa de un enorme esfuerzo. Muchas veces, ese esfuerzo deja de ser suficiente cuando aumentan las demandas académicas, sociales o laborales y las dificultades se vuelven más evidentes.

El concepto de masking se ha popularizado enormemente en los últimos años. Sabemos que el TDAH es más frecuente en hombres que en mujeres (alrededor de dos o tres niños por cada niña) y que, mientras muchos niños reciben el diagnóstico durante los primeros años de primaria, las mujeres frecuentemente lo reciben años más tarde, en la adolescencia o incluso en la edad adulta (Young et al., 2020).

Esto ha llevado a una idea cada vez más extendida: ¿hay menos mujeres con TDAH porque las mujeres camuflan más? La respuesta corta es que probablemente sí… pero solo en parte.

Atribuir las diferencias de diagnóstico únicamente al camuflaje sería como explicar la derrota de un equipo en una final del Mundial porque falló un penalti. Ese penalti puede haber sido importante, pero probablemente también influyeron la biología, los sesgos en la detección, criterios diagnósticos construidos históricamente sobre perfiles masculinos, las expectativas sociales o el tipo de síntomas que el entorno considera suficientemente problemáticos (Quinn & Madhoo, 2014; Young et al., 2020).

Precisamente por eso, disponer de herramientas capaces de evaluar el funcionamiento cognitivo en contextos más cercanos a la vida real puede aportar información complementaria valiosa.

Nesplora AULA reproduce una clase virtual con distractores visuales y auditivos para evaluar la atención y el control inhibitorio en población infantil, mientras que Nesplora Aquarium sitúa a adolescentes y adultos en un entorno inmersivo que permite explorar atención, memoria de trabajo y otras funciones ejecutivas bajo demandas más parecidas a las de la vida cotidiana.

Estas herramientas no sustituyen a la evaluación clínica ni diagnostican por sí solas, pero sí pueden contribuir a hacer más visibles dificultades que, precisamente porque llevan años siendo compensadas, a veces resultan difíciles de detectar.

Del teatro a la neurociencia: cómo nació el estudio del camuflaje

La idea del camuflaje no nació del estudio del TDAH ni del autismo. Uno de los primeros autores en describir algo parecido fue el sociólogo Erving Goffman, que en The Presentation of Self in Everyday Life comparaba la vida social con una representación teatral: todos regulamos la impresión que causamos en los demás y adaptamos nuestro comportamiento al contexto (Goffman, 1956).

Sin embargo, el camuflaje clínicamente relevante va más allá de la adaptación cotidiana. Aparece cuando una persona necesita ocultar dificultades importantes de forma constante y a costa de un esfuerzo considerable.

El interés por este fenómeno creció especialmente durante la década de 2010, cuando investigadores trataron de comprender por qué muchas mujeres autistas llegaban tarde al diagnóstico. En este contexto, Laura Hull y su equipo desarrollaron el CAT-Q (Camouflaging Autistic Traits Questionnaire), una de las principales herramientas para estudiar el camuflaje (Hull et al., 2019).

También se empezó a estudiar qué ocurría en el cerebro. Meng-Chuan Lai y sus colaboradores observaron que las mujeres autistas con mayores puntuaciones en camuflaje mostraban una mayor activación de la corteza prefrontal ventromedial, una región relacionada con la conciencia de uno mismo, la regulación emocional y la comprensión de cómo nos perciben los demás (Lai et al., 2019).

Esto no implica que exista un “centro cerebral del camuflaje”, pero sí sugiere que una mayor conciencia de uno mismo y del propio papel social podría favorecer el uso de estrategias para ocultar o compensar las dificultades.

masking en mujeres con tdah

¿Y en el TDAH?

En TDAH, el estudio del masking es mucho más reciente. Cada vez aparecen más estudios cualitativos y participativos en los que son las propias personas con TDAH quienes describen cómo intentan adaptarse a las exigencias del entorno (Young et al., 2020; Attoe & Climie, 2023).

Relatan hacer listas excesivas, revisar las cosas una y otra vez, preparar todo con mucha antelación, copiar sistemas de organización de otras personas o compensar por la noche lo que no han conseguido sostener durante el día.

El problema aparece cuando mantener esa apariencia de funcionamiento normal requiere una inversión constante de energía y recursos emocionales. Con el tiempo, este sobreesfuerzo sostenido puede desembocar en burnout: un estado de agotamiento físico, mental y emocional caracterizado por la sensación de estar constantemente desbordada y por la pérdida progresiva de la capacidad para seguir compensando.

En algunas personas, precisamente este agotamiento termina conduciendo a la búsqueda de ayuda (Bernardin et al., 2021).

Las revisiones más recientes muestran que el camuflaje puede asociarse con ansiedad, depresión, agotamiento y menor bienestar psicológico (Cook et al., 2021). Pero también recuerdan que el camuflaje no siempre es perjudicial: también puede facilitar la integración social y la adaptación.

Más que preguntarnos si es una estrategia buena o mala, quizá deberíamos preguntarnos cuál es el coste que tiene para la persona.

Evaluar el masking presenta un reto evidente: intentamos medir algo cuya función es precisamente pasar desapercibido (Cook et al., 2021). Por eso, una buena evaluación no debería limitarse a preguntarse si alguien falla o no falla en una tarea.

También debería explorar cuánto esfuerzo necesita para funcionar, qué estrategias utiliza para sostenerse y qué ocurre cuando aumentan las demandas.

Integradas dentro de una evaluación clínica completa, herramientas ecológicas como Nesplora AULA y Nesplora Aquarium pueden aportar información complementaria valiosa, permitiendo observar el funcionamiento atencional y ejecutivo en contextos más próximos a la vida real.

Referencias

  • Areces, D., Rodríguez, C., García, T., Cueli, M., & González-Castro, P. (2018). Efficacy of a continuous performance test based on virtual reality in the diagnosis of ADHD and its clinical presentations. Journal of Attention Disorders, 22(11), 1081-1091.
  • Attoe, D. E., & Climie, E. A. (2023). Missed, misunderstood, and misdiagnosed: A systematic review of ADHD in adult women. Journal of Attention Disorders, 27(7), 645–657.
  • Bernardin, C. J., Lewis, T., Bell, D., & Kanne, S. (2021). Associations between social camouflaging and internalizing symptoms in autistic and non-autistic adolescents. Autism, 25(6), 1580–1591.
  • Cook, J., Hull, L., Crane, L., & Mandy, W. (2021). Camouflaging in autism: A systematic review. Clinical Psychology Review, 89, 102080.
  • Díaz-Orueta, U., Garcia-López, C., Crespo-Eguílaz, N., Sánchez-Carpintero, R., Climent, G., & Narbona, J. (2014). AULA virtual reality test as an attention measure: Convergent validity with Conners’ Continuous Performance Test. Child Neuropsychology, 20(3), 328-342.
  • Goffman, E. (1956). The presentation of self in everyday life. University of Edinburgh Social Sciences Research Centre.
  • Hull, L., Mandy, W., Lai, M.-C., Baron-Cohen, S., Allison, C., Smith, P., & Petrides, K. V. (2019). Development and validation of the Camouflaging Autistic Traits Questionnaire (CAT-Q). Journal of Autism and Developmental Disorders, 49(3), 819–833.
  • Hull, L., Petrides, K. V., Allison, C., Smith, P., Baron-Cohen, S., Lai, M.-C., & Mandy, W. (2017). “Putting on my best normal”: Social camouflaging in adults with autism spectrum conditions. Journal of Autism and Developmental Disorders, 47(8), 2519–2534.
  • Lai, M.-C., Lombardo, M. V., Chakrabarti, B., Ruigrok, A. N. V., Bullmore, E. T., Suckling, J., Auyeung, B., Happé, F., Szatmari, P., & Baron-Cohen, S. (2019). Neural self-representation in autistic women and association with compensatory camouflaging. Autism, 23(5), 1210–1223.
  • Quinn, P. O., & Madhoo, M. (2014). A review of attention-deficit/hyperactivity disorder in women and girls: Uncovering this hidden diagnosis. Primary Care Companion for CNS Disorders, 16(3), PCC.13r01596.
  • Young, S., Adamo, N., Ásgeirsdóttir, B. B., Branney, P., Beckett, M., Colley, W., Cubbin, S., Deeley, Q., Farrag, E., Gudjonsson, G., Hill, P., Hollingdale, J., Kilic, O., Lloyd, T., Mason, P., Paliokosta, E., Perecherla, S., Sedgwick, J., Skirrow, C., … Woodhouse, E. (2020). Females with ADHD: An expert consensus statement taking a lifespan approach providing guidance for the identification and treatment of attention-deficit/hyperactivity disorder in girls and women. BMC Psychiatry, 20, 404.

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