Sobrediagnóstico de TDAH en adultos

Autoría: Iciar Iturmendi


TDAH en adultos: síntomas, diagnóstico y por qué muchos casos pasan desapercibidos

Cada vez más adultos llegan a consulta preguntándose si años de desorganización, olvidos constantes, agotamiento mental o sensación de “no llegar a todo” podrían explicarse por un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no diagnosticado.

Y en muchos casos, la respuesta es sí.

Se estima que el TDAH afecta aproximadamente al 2–5% de la población adulta general, aunque entre los adultos que acuden a servicios de salud mental la prevalencia puede alcanzar el 10–20% (Kooij et al., 2010). Además, el TDAH no desaparece necesariamente tras la infancia: entre el 50–66% de los casos persisten en la adultez (Barkley et al., 2002; Lara et al., 2009).

Sin embargo, durante décadas el trastorno ha estado infradiagnosticado. El término no se consolidó hasta 1987 y el diagnóstico suele realizarse entre los 7 y 9 años. Esto significa que muchas personas que son ahora adultas atravesaron gran parte de su infancia antes de que el TDAH comenzara a reconocerse de forma sistemática en la práctica clínica.

Hoy el TDAH se reconoce mucho mejor que hace unas décadas. Por ejemplo, en Estados Unidos la prevalencia diagnóstica en niños aumentó del 6.1% en 1997 al 10.2% en 2016 (Danielson et al., 2018), mientras que los diagnósticos en adultos también han crecido durante la última década (Staley et al., 2024).

Este aumento ha alimentado el debate sobre un posible sobrediagnóstico del TDAH. Sin embargo, la evidencia sugiere que la realidad es más compleja. En un artículo reciente del The British Journal of Psychiatry, varios expertos señalan que actualmente no existen pruebas fiables de que actualmente exista un sobrediagnóstico generalizado del TDAH y que, de hecho, el infradiagnóstico y el infratratamiento son los problemas predominantes, especialmente en adultos y mujeres (Cortese et al., 2026).

Los autores advierten de que centrar el debate únicamente en el sobrediagnóstico puede invisibilizar otro problema aún más frecuente: personas que llevan años conviviendo con dificultades significativas sin recibir una identificación adecuada ni acceso a apoyo especializado.


¿Cómo es el proceso de evaluación del TDAH en adultos?

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo. Esto significa que, aunque muchas personas lleguen al diagnóstico en la adultez, los síntomas deben haber estado presentes desde la infancia. Para establecer un diagnóstico en adultos deben haber existido síntomas persistentes de inatención y/o hiperactividad-impulsividad antes de los 12 años y con impacto significativo en distintos ámbitos de la vida (American Psychiatric Association, 2013).

Por eso, el TDAH no “aparece” de repente en la adultez. El reto diagnóstico consiste en reconstruir cómo esas dificultades ya estaban presentes años atrás y cómo han evolucionado con el tiempo.

Si estás pensando en iniciar una evaluación, puede ser útil recopilar toda la información posible sobre tu funcionamiento durante la infancia y adolescencia. Los informes escolares suelen aportar pistas importantes: comentarios como “muy inteligente pero despistado”, “no termina tareas”, “vive en su mundo” o “podría rendir más si se organizara” son frecuentes en muchos adultos que posteriormente reciben un diagnóstico.

También es importante hablar con familiares o personas cercanas que puedan aportar una perspectiva sobre cómo eran esas dificultades en el pasado y cómo afectan actualmente al trabajo, la organización diaria, las relaciones o la gestión emocional.

Por todo ello, el diagnóstico del TDAH en adultos no se basa en una única prueba. Las guías clínicas internacionales recomiendan un proceso que combine distintas fuentes de información y perspectivas (Kooij et al., 2019; National Institute for Health and Care Excellence [NICE], 2018).

Esto implica que el psicólogo, neuropsicólogo o psiquiatra no se basará únicamente en lo que cuenta el propio paciente. Una buena práctica clínica consiste precisamente en recoger también información de otras personas cercanas (familiares, pareja o incluso personas que conocieron al paciente durante la infancia) mediante entrevistas y cuestionarios específicos (Kooij et al., 2019).

Habitualmente, este proceso incluye:

  • Entrevista clínica detallada sobre síntomas actuales e historia evolutiva.
  • Recogida de información retrospectiva sobre la infancia y adolescencia.
  • Cuestionarios y escalas validadas completadas tanto por la persona evaluada como por familiares o personas cercanas.
  • Evaluación del funcionamiento académico, laboral, social y emocional en distintos momentos de la vida.
  • Evaluación neuropsicológica objetiva de procesos como atención, impulsividad y funciones ejecutivas.

En adultos, este proceso puede resultar especialmente complejo porque muchas personas han aprendido a compensar sus dificultades en contextos muy estructurados o en pruebas excesivamente simples. Por ello, las herramientas de evaluación neuropsicológica ecológica adquieren cada vez más relevancia.

Tecnologías basadas en realidad virtual como Nesplora Aquarium o Nesplora Ice Cream permiten analizar procesos atencionales y ejecutivos en entornos inmersivos y controlados más parecidos a situaciones reales de la vida cotidiana. Esto ayuda especialmente a detectar perfiles que podrían pasar más desapercibidos en evaluaciones tradicionales o excesivamente estructuradas.


¿Con qué puede confundirse el TDAH en la adultez?

Uno de los principales retos del TDAH en adultos es que rara vez aparece “solo”. Aproximadamente el 75% de los adultos con TDAH presentan al menos otro trastorno psiquiátrico asociado, incluyendo ansiedad, depresión, trastornos del sueño o consumo de sustancias (Kooij et al., 2010).

En muchos casos, son precisamente estas dificultades emocionales secundarias las que terminan eclipsando el TDAH de base. Una persona puede acudir inicialmente a consulta por ansiedad, burnout, dificultades emocionales o sensación de agotamiento crónico sin sospechar que detrás exista un patrón atencional persistente desde la infancia.

Además, el TDAH no siempre se presenta como la imagen clásica de hiperactividad visible. Muchas personas adultas, especialmente mujeres, muestran perfiles predominantemente inatentos caracterizados por distracción, desorganización, lentitud mental o agotamiento cognitivo más que por impulsividad evidente.

La evidencia muestra además que un TDAH persistente no identificado puede asociarse a peores resultados académicos y laborales, mayor riesgo de desempleo, dificultades relacionales, accidentes de tráfico y mayor probabilidad de desarrollar otros problemas de salud mental o consumo de sustancias (Barkley et al., 2006; Kuriyan et al., 2013; Chang et al., 2014).

Por eso, para muchas personas recibir un diagnóstico en la adultez no significa simplemente “ponerse una etiqueta”, sino comprender por primera vez una trayectoria vital que llevaba años generando frustración, culpa o sensación de incapacidad.


Referencias

American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.

Barkley, R. A., Fischer, M., Smallish, L., & Fletcher, K. (2002). The persistence of attention-deficit/hyperactivity disorder into young adulthood as a function of reporting source and definition of disorder. Journal of Abnormal Psychology, 111(2), 279–289. https://doi.org/10.1037/0021-843X.111.2.279

Chang, Z., Lichtenstein, P., D’Onofrio, B. M., Sjölander, A., & Larsson, H. (2014). Serious transport accidents in adults with attention-deficit/hyperactivity disorder and the effect of medication: A population-based study. JAMA Psychiatry, 71(3), 319–325. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2013.4174

Cortese, S., et al. (2026). ADHD (over) diagnosis: fiction, fashion, and failure. British Journal of Psychiatry. Advance online publication.

Danielson, M. L., Bitsko, R. H., Ghandour, R. M., Holbrook, J. R., Kogan, M. D., & Blumberg, S. J. (2018). Prevalence of parent-reported ADHD diagnosis and associated treatment among U.S. children and adolescents, 2016. Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology, 47(2), 199–212. https://doi.org/10.1080/15374416.2017.1417860

Kooij, J. J. S., Bejerot, S., Blackwell, A., et al. (2010). European consensus statement on diagnosis and treatment of adult ADHD: The European Network Adult ADHD. BMC Psychiatry, 10, 67. https://doi.org/10.1186/1471-244X-10-67

Kooij, J. J. S., Bijlenga, D., Salerno, L., et al. (2019). Updated European Consensus Statement on diagnosis and treatment of adult ADHD. European Psychiatry, 56, 14–34. https://doi.org/10.1016/j.eurpsy.2018.11.001

Kuriyan, A. B., Pelham, W. E., Molina, B. S. G., et al. (2013). Young adult educational and vocational outcomes of children diagnosed with ADHD. Journal of Abnormal Child Psychology, 41(1), 27–41. https://doi.org/10.1007/s10802-012-9658-z

Lara, C., Fayyad, J., de Graaf, R., et al. (2009). Childhood predictors of adult attention-deficit/hyperactivity disorder: Results from the World Health Organization World Mental Health Survey Initiative. Biological Psychiatry, 65(1), 46–54. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2008.10.005

National Institute for Health and Care Excellence. (2018). Attention deficit hyperactivity disorder: Diagnosis and management (NICE Guideline NG87). https://www.nice.org.uk/guidance/ng87



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