Escribir es una actividad compleja que exige coordinar el lenguaje, la memoria, la atención, la percepción visual y el control motor. Cuando uno o varios de estos procesos no se desarrollan o automatizan adecuadamente, la escritura puede resultar lenta, poco legible, desorganizada o excesivamente costosa.
La disgrafía no consiste simplemente en tener mala letra. Detrás de las dificultades de escritura pueden existir perfiles grafomotores, ortográficos, lingüísticos o ejecutivos diferentes. Por eso, una evaluación neuropsicológica rigurosa no se limita a observar el resultado final, sino que trata de identificar qué procesos interfieren y en qué condiciones aumentan los errores.
¿Qué es la disgrafía y cómo afecta al rendimiento escolar?
La disgrafía describe dificultades persistentes para adquirir, automatizar o ejecutar la escritura. Puede afectar al trazado y la legibilidad, pero también a la fluidez, la ortografía o la capacidad para organizar y expresar ideas por escrito.
El término no se utiliza de forma completamente uniforme. En algunos contextos se reserva para las dificultades de escritura a mano, mientras que en otros incluye problemas ortográficos y de expresión escrita. Por ello, una valoración rigurosa debe especificar qué componentes están afectados y no limitarse a una etiqueta general.
Desde una perspectiva cognitiva, conviene diferenciar dos niveles:
- Transcripción: incluye la automatización grafomotora y la codificación ortográfica.
- Composición: comprende la generación y organización de ideas, la construcción de frases y la revisión del texto.
La memoria de trabajo y las funciones ejecutivas contribuyen a coordinar ambos niveles. Cuando el trazado o la ortografía no están automatizados, es necesario destinar más recursos cognitivos a controlar cómo se escribe cada letra o palabra. Quedan así menos recursos disponibles para planificar, mantener las ideas activas y revisar el texto.
En el contexto escolar pueden observarse:
- Letra poco legible o irregular.
- Escritura excesivamente lenta o fatigosa.
- Errores ortográficos persistentes.
- Dificultad para organizar frases y párrafos.
- Diferencia notable entre la expresión oral y la escrita.
- Evitación o frustración ante las tareas escritas.
Estas dificultades pueden afectar al rendimiento incluso cuando la comprensión o el razonamiento son adecuados, y repercutir en la motivación y la autoestima.
Tipos de disgrafía: Motriz vs. Disortografía (Disgrafía disléxica)
La distinción entre disgrafía motriz y disortografía resulta útil en la práctica, aunque simplifica una realidad heterogénea. Ambos perfiles pueden coexistir y presentar distintos grados de afectación.
Disgrafía motriz
En la disgrafía motriz, la principal dificultad se encuentra en la ejecución y automatización del gesto gráfico. El niño puede reconocer las letras y saber cómo se escribe una palabra, pero tiene problemas para producirla de forma fluida y legible.
Pueden observarse:
- Trazos rígidos, temblorosos o poco precisos.
- Letras mal formadas o de tamaño variable.
- Dificultad para mantener la línea.
- Espaciado irregular.
- Presión excesiva o insuficiente.
- Escritura lenta y fatigosa.
Este perfil requiere explorar la coordinación fina, la planificación del movimiento, la percepción de la posición y el movimiento de la mano, la integración visuomotora y la organización espacial. Las dificultades grafomotoras también pueden aparecer asociadas a un trastorno del desarrollo de la coordinación, aunque no todos los niños con disgrafía presentan una alteración motora general.
Disortografía o disgrafía disléxica
La disortografía afecta principalmente a los procesos lingüísticos y ortográficos. El trazo puede ser adecuado, pero aparecen dificultades para convertir los sonidos en grafemas, recuperar la forma ortográfica de las palabras o aplicar las reglas de escritura.
Son frecuentes:
- Omisiones o sustituciones de letras.
- Uniones y separaciones incorrectas.
- Confusión entre grafemas.
- Errores en la conversión fonema-grafema.
- Dificultad con palabras irregulares.
- Aplicación inestable de las reglas ortográficas.
Aunque algunas clasificaciones emplean la expresión “disgrafía disléxica”, disgrafía, disortografía y dislexia no son conceptos equivalentes. Un niño puede presentar dificultades ortográficas sin una alteración grafomotora y también puede tener una escritura poco fluida con una ortografía preservada.
Los modelos cognitivos diferencian perfiles según se encuentren afectados los mecanismos de conversión entre sonidos y letras, el acceso a las representaciones almacenadas sobre cómo se escriben las palabras o ambos procesos. Por ello, la evaluación debe analizar por separado el trazo, la velocidad, la ortografía y la composición.
Indicadores de alerta en el aula y la consulta psicopedagógica
Los principales indicadores de alerta son la persistencia de una escritura poco legible, lenta, fatigosa o desorganizada y su interferencia significativa en el aprendizaje.
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Área observada |
Posible indicador de alerta |
Procesos que conviene explorar |
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Legibilidad |
Letras difíciles de reconocer o muy variables |
Automatización y control grafomotor |
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Velocidad |
Necesita mucho más tiempo para copiar o redactar |
Fluidez, planificación motora y velocidad de procesamiento |
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Organización espacial |
No respeta líneas, márgenes o espacios |
Procesamiento visuoespacial e integración visuomotora |
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Esfuerzo físico |
Agarre rígido, presión excesiva, dolor o fatiga |
Coordinación fina, postura y control motor |
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Ortografía |
Omisiones, sustituciones o errores persistentes |
Procesamiento fonológico y conocimiento ortográfico |
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Expresión escrita |
Textos desorganizados o inferiores a la expresión oral |
Lenguaje, planificación y memoria de trabajo |
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Variabilidad |
El rendimiento empeora con el tiempo o los distractores |
Atención sostenida, fatiga y control ejecutivo |
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Conducta ante la tarea |
Evitación, frustración o abandono |
Impacto funcional y emocional |
Durante las primeras etapas del aprendizaje es habitual encontrar irregularidades y errores ortográficos. La señal de alerta no es un error aislado, sino su persistencia, frecuencia e intensidad, así como su repercusión en el funcionamiento académico.
En los casos de disgrafía y altas capacidades puede aparecer una discrepancia especialmente llamativa entre la riqueza del razonamiento o la expresión oral y la calidad de la producción escrita. Sin embargo, esta diferencia no establece por sí sola un diagnóstico. También deben explorarse la automatización, la ortografía, la velocidad de procesamiento, la planificación y el nivel de exigencia de la tarea.
Atención sostenida y control de la impulsividad
La atención sostenida y el control de la impulsividad no explican por sí solos la disgrafía, pero pueden modificar la cantidad, el tipo y la variabilidad de los errores.
La atención sostenida permite mantener el esfuerzo, conservar las instrucciones y supervisar la tarea. Cuando falla, el niño puede comenzar escribiendo de forma adecuada y perder precisión progresivamente, omitir información o dejar frases incompletas.
La atención selectiva permite centrarse en el contenido y en el propio texto mientras se ignoran ruidos, conversaciones u otros estímulos. Los ejemplos de atención selectiva ayudan a comprender por qué un niño puede rendir adecuadamente en una situación individual y cometer más errores en un aula con distractores.
El control inhibitorio permite frenar respuestas precipitadas, revisar una palabra antes de continuar y corregir errores. Cuando existe impulsividad, pueden aparecer omisiones, anticipaciones, trazos poco controlados o una revisión insuficiente.
Estas asociaciones no significan que una alteración ejecutiva sea necesariamente la causa de la disgrafía, pero justifican explorar si agrava la dificultad o explica diferencias entre tareas y contextos.
Cómo evaluar los procesos cognitivos subyacentes con Realidad Virtual
La realidad virtual permite obtener medidas estandarizadas y cuantificables de procesos atencionales y ejecutivos que pueden influir en la escritura, especialmente cuando los errores aumentan con los distractores, la duración de la tarea o la necesidad de controlar respuestas impulsivas. Sin embargo, no evalúa directamente la caligrafía ni permite diagnosticar por sí sola la disgrafía.
Antes de interpretar estos procesos, es necesario caracterizar la dificultad mediante pruebas específicas de escritura:
- Copia: permite observar el componente grafomotor y visuoespacial, reduciendo parte de la demanda lingüística.
- Dictado: exige analizar los sonidos, convertirlos en grafemas y recuperar representaciones ortográficas.
- Escritura espontánea: añade demandas de planificación, organización, lenguaje y revisión.
- Palabras y pseudopalabras: las pseudopalabras son secuencias inventadas que respetan las reglas del idioma y ayudan a diferenciar la conversión entre sonidos y letras del acceso al conocimiento almacenado sobre cómo se escriben las palabras.
Esta valoración debe completarse con la historia evolutiva y escolar, la revisión de producciones académicas y la exploración del agarre, la coordinación fina, la integración visuomotora y el lenguaje escrito. Una vez identificado el perfil, la realidad virtual puede ayudar a determinar si la atención o las funciones ejecutivas influyen en el rendimiento.
En este contexto, Nesplora Attention Kids Aula (AULA) reproduce un entorno escolar virtual en el que el niño realiza una tarea mientras aparecen distractores auditivos y visuales similares a los de una clase. La prueba registra indicadores relacionados con la atención sostenida y selectiva, la impulsividad, la actividad motora y los tiempos de respuesta.
En un niño con dificultades de escritura, esta información puede ayudar a analizar:
- Si el rendimiento empeora a medida que avanza la tarea.
- Si los distractores auditivos o visuales afectan al desempeño.
- Si aparecen respuestas impulsivas o dificultades para inhibirlas.
- Si la inquietud motora o la variabilidad en las respuestas interfieren en el trabajo escolar.
Por ejemplo, un niño puede presentar un problema estable de automatización grafomotora y, además, cometer más omisiones o perder precisión cuando la tarea se prolonga o se realiza con distractores. Diferenciar ambos componentes ayuda a comprender por qué la escritura varía entre una evaluación individual y el aula.
AULA no permite determinar por sí sola si la dificultad tiene un origen grafomotor, fonológico u ortográfico. Su utilidad consiste en analizar si la atención, la impulsividad, la actividad motora o la respuesta ante distractores están influyendo en un problema de escritura previamente caracterizado mediante pruebas específicas.
Sus resultados deben integrarse con las tareas de escritura, la entrevista, la observación clínica y la información aportada por la familia y el centro educativo. La realidad virtual no sustituye la evaluación neuropsicológica global, pero aporta datos contextualizados sobre el funcionamiento del niño ante demandas próximas a las del entorno escolar.
Una vez identificado el perfil, las actividades para trabajar la disgrafía y los ejercicios para disgrafía pueden seleccionarse de forma más precisa. Algunos niños necesitarán priorizar la automatización grafomotora; otros, el procesamiento ortográfico, la planificación del texto, la memoria de trabajo o las estrategias para gestionar los distractores y revisar la respuesta.
Comprender qué procesos están interfiriendo permite evitar intervenciones genéricas y ajustar los apoyos a las necesidades reales de cada niño.
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