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14/10/2026

Autodiagnóstico de TDAH y autismo en redes sociales: por qué cada vez más personas se identifican como neurodivergentes

Autor: Iciar Iturmendi

«Creo que tengo TDAH». «Descubrí que soy autista gracias a TikTok».

Hace apenas unos años era poco frecuente escuchar estas frases. Hoy forman parte de conversaciones cotidianas y reflejan algo cada vez más visible: muchas personas llegan a identificarse como autistas o con TDAH antes de recibir—o incluso sin buscar—un diagnóstico clínico.

Este cambio probablemente responde a varios factores. Por un lado, las redes sociales han facilitado el acceso a información sobre TDAH y autismo (Yeung et al., 2022). Al mismo tiempo, también existen barreras reales para acceder a una evaluación especializada.

En un estudio reciente, Nayyar et al. (2025) analizaron la experiencia de adultos que habían recibido un diagnóstico de autismo y observaron que el acceso al diagnóstico suele ser un proceso largo y difícil. Como principales barreras identificaron las largas listas de espera, el coste de las evaluaciones privadas, la falta de profesionales con experiencia en autismo en adultos y los diagnósticos erróneos previos.

Muchos participantes describían haber pasado años buscando una explicación para sus dificultades antes de recibir un diagnóstico formal, lo que ayuda a entender por qué algunas personas recurren al autodiagnóstico para dar sentido a sus experiencias.

Todo ello ha generado un debate: ¿puede el autodiagnóstico ser una herramienta válida para comprender las propias dificultades? ¿O existe el riesgo de atribuir al TDAH o al autismo experiencias que también pueden explicarse de otras maneras?

Aunque la investigación sobre este fenómeno todavía es limitada, en los últimos años han comenzado a publicarse estudios que permiten responder a estas preguntas.

¿Por qué está aumentando el autodiagnóstico?

No existe una única explicación, pero las redes sociales parecen haber desempeñado un papel importante. Plataformas como TikTok han acercado el TDAH y el autismo a millones de personas, permitiendo que muchos usuarios se identifiquen por primera vez con experiencias y síntomas que llevaban años sin comprender.

Sin embargo, la calidad de esa información es muy variable. El equipo de Yeung et al. (2022) analizó los 100 vídeos más populares sobre TDAH en TikTok, que acumulaban más de 283 millones de visualizaciones.

Dos psiquiatras expertos evaluaron su contenido y encontraron que el 52 % de los vídeos contenían información engañosa, el 27 % compartían experiencias personales y solo el 21 % proporcionaban información útil y basada en la evidencia. Además, únicamente el 11 % de los vídeos habían sido publicados por profesionales sanitarios, aunque estos fueron significativamente más precisos que los del resto de creadores.

Gran parte de la desinformación consistía en presentar síntomas muy inespecíficos—como ansiedad, cambios de humor o problemas de concentración—como si fueran exclusivos del TDAH, sin recomendar una valoración profesional para descartar otras posibles explicaciones (Yeung et al., 2022).

Esto no significa que TikTok «provoque» autodiagnósticos, pero sí refleja que millones de personas están aprendiendo sobre salud mental a través de contenidos muy accesibles cuya calidad científica puede ser cuestionable.

Al mismo tiempo, las redes sociales también han tenido un efecto positivo: han permitido que muchas personas encuentren un lenguaje para comprender sus dificultades y den el primer paso para buscar una evaluación profesional.

¿Por qué tantas mujeres reciben un diagnóstico tardío?

Uno de los avances más importantes de los últimos años ha sido reconocer que el TDAH y el autismo no siempre se presentan igual en mujeres y hombres. Durante décadas, la investigación sobre ambos trastornos se realizó principalmente en niños varones, por lo que gran parte del conocimiento clínico se construyó a partir de un modelo predominantemente masculino (Lockwood Estrin et al., 2021; Young et al., 2020).

Hoy sabemos que muchas mujeres presentan características que pueden pasar más desapercibidas durante la infancia. En el autismo, algunas desarrollan estrategias de masking o camuflaje social y muestran dificultades menos evidentes o intereses especiales más acordes con las expectativas sociales (Hull et al., 2020).

En el TDAH, es más frecuente que predominen los síntomas de inatención frente a la hiperactividad o la impulsividad, lo que puede retrasar la sospecha clínica (Young et al., 2020).

Como consecuencia, muchas mujeres no reciben un diagnóstico hasta la adolescencia o la edad adulta, después de años atribuyendo sus dificultades a la ansiedad, el estrés o a rasgos de personalidad. Este reconocimiento tardío ha llevado a muchas de ellas a buscar información sobre TDAH y autismo por su cuenta, aunque todavía no existen estudios que demuestren que el autodiagnóstico sea más frecuente en mujeres que en hombres.

¿Puede el autodiagnóstico ser útil?

Sí, pero con matices.

Muchas personas describen el autodiagnóstico como un proceso de alivio y autocomprensión. Comprender mejor por qué determinadas situaciones resultan especialmente difíciles puede reducir la autocrítica, favorecer estrategias de autocuidado y facilitar el acceso a comunidades de apoyo formadas por otras personas neurodivergentes (Friedman et al., 2025).

Pero el autodiagnóstico no equivale a una evaluación clínica. Comprenderse mejor no es lo mismo que establecer un diagnóstico.

El diagnóstico clínico no consiste únicamente en identificar una serie de características compatibles con el TDAH o el autismo, sino en integrar múltiples fuentes de información: la historia del desarrollo, la entrevista clínica, la observación del comportamiento, el impacto funcional y el uso de instrumentos validados.

La importancia de este enfoque quedó reflejada en un estudio reciente de Nature Mental Health. Banker et al. (2025) se plantearon una pregunta muy sencilla: ¿una persona que obtiene una puntuación muy alta en un cuestionario de rasgos autistas es equivalente a una persona con un diagnóstico clínico de autismo?

Para responderla, compararon ambos grupos utilizando no solo cuestionarios, sino también entrevistas y tareas experimentales que evaluaban el comportamiento social desde el punto de vista del profesional clínico.

Aunque ambos grupos obtenían puntuaciones muy similares en los cuestionarios de autoinforme, los clínicos observaron que no se comportaban igual. Las personas con altos rasgos autistas autoinformados presentaban más ansiedad social y rasgos evitativos, mientras que solo el grupo con un diagnóstico clínico confirmado mostró características propias del autismo durante la entrevista y las tareas experimentales.

Los autores concluyeron que una puntuación elevada en un cuestionario autoinformado no equivale necesariamente a un diagnóstico clínico, y que ambas formas de identificar el autismo no deberían utilizarse indistintamente en investigación ni en la práctica clínica (Banker et al., 2025).

Al fin y al cabo, ninguna fuente de información, por sí sola, es suficiente para establecer un diagnóstico. Las guías clínicas recomiendan una evaluación multimétodo que combine la experiencia subjetiva de la persona con medidas objetivas del funcionamiento cognitivo y conductual.

En este contexto, herramientas de evaluación neuropsicológica con alta validez ecológica, como las desarrolladas por Nesplora, aportan información complementaria sobre procesos como la atención, el control inhibitorio o las funciones ejecutivas en situaciones que simulan demandas de la vida cotidiana, ayudando al profesional a construir un perfil clínico más completo y fundamentado.

La clave no es elegir entre autodiagnóstico y diagnóstico clínico

Plantear este debate como una elección entre ambos probablemente sea un falso dilema.

El autodiagnóstico puede cumplir una función muy valiosa de autoconocimiento. Puede ayudar a comprender experiencias pasadas, reducir el sentimiento de aislamiento y orientar la búsqueda de ayuda profesional.

El diagnóstico clínico, en cambio, persigue un objetivo diferente: determinar si realmente se cumplen criterios diagnósticos, realizar un diagnóstico diferencial y orientar las decisiones clínicas y terapéuticas.

Quizá la pregunta no sea si el autodiagnóstico es válido o no. La pregunta más útil es qué puede aportar cada uno.

Referencias

Banker, S. M., Harrington, M., Schafer, M., Na, S., Heflin, M., Barkley, S., … & Gu, X. (2025). Phenotypic divergence between individuals with self-reported autistic traits and clinically ascertained autism. Nature Mental Health, 3(3), 286-297.

Friedman, A., Paltoglou, A., & Sorte, R. (2024). A qualitative exploration of the experiences of self-diagnosed autistic women and gender-diverse individuals who are not pursuing an autism diagnosis. Neurodiversity, 2, 27546330241307828.

Hull, L., Petrides, K. V., Allison, C., Smith, P., Baron-Cohen, S., Lai, M. C., & Mandy, W. (2017). “Putting on my best normal”: Social camouflaging in adults with autism spectrum conditions. Journal of Autism and Developmental Disorders, 47(8), 2519-2534.

Lockwood Estrin, G., Milner, V., Spain, D., Happé, F., & Colvert, E. (2021). Barriers to autism spectrum disorder diagnosis for young women and girls: A systematic review. Review Journal of Autism and Developmental Disorders, 8(4), 454-470.

Nayyar, J. M., Stapleton, A. V., Guerin, S., & O’Connor, C. (2025). Exploring lived experiences of receiving a diagnosis of autism in adulthood: A systematic review. Autism in Adulthood, 7(1), 1-12.

Yeung, A., Ng, E., & Abi-Jaoude, E. (2022). TikTok and attention-deficit/hyperactivity disorder: a cross-sectional study of social media content quality. The Canadian Journal of Psychiatry, 67(12), 899-906.

Young, S., Adamo, N., Ásgeirsdóttir, B. B., Branney, P., Beckett, M., Colley, W., … & Woodhouse, E. (2020). Females with ADHD: An expert consensus statement taking a lifespan approach providing guidance for the identification and treatment of attention-deficit/hyperactivity disorder in girls and women. BMC Psychiatry, 20(1), 404.

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