21/04/2026

Teoría de la mente: qué es, relación con el autismo y actividades para trabajarla

La capacidad de comprender que otras personas tienen pensamientos, deseos, creencias e intenciones distintos a los propios es una de las habilidades cognitivas más sofisticadas del ser humano. Esta capacidad, conocida como Teoría de la Mente (ToM, por sus siglas en inglés), constituye la base de la vida social y la comunicación interpersonal.

Su estudio, desde los años 80, ha transformado profundamente la neuropsicología del desarrollo y ha abierto nuevas vías para comprender el Trastorno del Espectro Autista (TEA).

En este artículo exploramos qué es la teoría de la mente, cómo se desarrolla, cómo se evalúa, cuál es su relación con el TEA y qué actividades existen para trabajarla en niños y adultos.

¿Qué es la teoría de la mente y cómo se desarrolla?

El término «teoría de la mente» fue acuñado en 1978 por David Premack y Guy Woodruff en un estudio sobre la capacidad de los chimpancés para atribuir intenciones y creencias a otros. En este experimento, los chimpancés observaban escenas en las que un humano enfrentaba un problema y debían elegir entre distintas opciones cuál lo resolvía correctamente. Esto permitía evaluar si los chimpancés comprendían las intenciones del humano. No obstante, la interpretación de estos resultados ha sido debatida: algunos autores señalan que su rendimiento podría explicarse por aprendizaje asociativo —es decir, por aprender a relacionar determinadas situaciones con respuestas correctas basándose en la experiencia previa, sin necesidad de comprender los estados mentales del otro— más que por una auténtica capacidad de inferir intenciones ajenas. Desde esta perspectiva, estas habilidades podrían reflejar formas más básicas de ToM, similares a los precursores que aparecen en las primeras etapas del desarrollo humano.

Esta habilidad no está presente desde el nacimiento, sino que se desarrolla progresivamente a lo largo de la infancia, especialmente a través de la interacción con otras personas. Los investigadores han identificado distintos niveles o etapas en su adquisición:

  • En el nivel más básico (orden cero), el niño aún no comprende deseos ni creencias propias y su experiencia está muy ligada al aquí y al ahora. Sin embargo, desde el inicio se comunica con su entorno a través de sus expresiones, gestos y emociones, generando respuestas en los adultos que le rodean. Estas interacciones tempranas sientan las bases para el desarrollo posterior de la comprensión de los estados mentales.
  • A partir de los 18-24 meses, comienzan a emerger precursores de la ToM como la atención conjunta, el juego simbólico y el señalamiento proto-declarativo.
  • Entre los 3 y los 4 años, la mayoría de los niños comienzan a comprender que otra persona puede tener una idea equivocada sobre la realidad. Por ejemplo, si alguien deja un objeto en un lugar y, en su ausencia, este se cambia de sitio, el niño entiende que esa persona seguirá creyendo que el objeto está donde lo dejó. Esta capacidad se conoce como falsa creencia de primer orden y se considera el hito central en el desarrollo de la ToM.
  • Entre los 6 y 7 años, los niños consolidan las creencias de segundo orden, es decir, son capaces de comprender lo que una persona cree sobre lo que una tercera persona piensa.
  • Las habilidades de ToM más complejas, como comprender la ironía, el sarcasmo, las mentiras piadosas o las intenciones implícitas en la comunicación, se van adquiriendo a lo largo de la infancia tardía y la adolescencia.

Gracias a la ToM somos capaces de adaptar nuestro comportamiento al contexto social, anticipar las reacciones de los demás, detectar engaños y construir relaciones interpersonales significativas.

Desde la neuropsicología, el origen de la teoría de la mente se ha explicado tradicionalmente desde dos enfoques: el modular, que propone una base innata específica (como plantea Alan Leslie), y el constructivista, que entiende que esta capacidad se desarrolla a partir de la interacción social. Actualmente, se considera que la teoría de la mente resulta de la combinación de ambos factores: el niño nace con un potencial que se desarrolla progresivamente en relación con su entorno social.

Evaluación de la teoría de la mente en neuropsicología

La evaluación neuropsicológica de la ToM ha sido un campo de intensa investigación desde la década de los 80, cuando Baron-Cohen, Leslie y Frith (1985) desarrollaron la célebre prueba de Sally y Anne, basada en el paradigma de falsa creencia diseñado por Wimmer y Perner (1983).

Esta tarea consiste en presentar al sujeto una historia en la que un personaje, Sally, guarda una pelota en una cesta y se va. En su ausencia, Anne mueve la pelota a una caja. Cuando Sally regresa, se le pregunta al evaluado: ¿dónde buscará Sally su pelota? Los niños con desarrollo típico de 4 años responden correctamente señalando la cesta (donde Sally la dejó), demostrando que pueden atribuir una creencia falsa al personaje. La mayoría de los niños con autismo estudiados por Baron-Cohen et al. (1985) fallaron en esta tarea, señalando la caja donde se encontraba realmente la pelota.

Sin embargo, las pruebas clásicas de falsa creencia de primer y segundo orden presentan limitaciones notables: dependen en gran medida del lenguaje y de las habilidades cognitivas, lo que dificulta su uso en un porcentaje elevado de personas con autismo. Además, los niños de 6 años con inteligencia normal las superan sin dificultad, y algunos adultos con autismo también logran superarlas cuando su cociente intelectual es normal.

Esto llevó a Baron-Cohen y sus colaboradores a desarrollar herramientas de evaluación menos dependientes del lenguaje y del nivel intelectual, entre las que destaca el Test de la Mirada (Reading the Mind in the Eyes Task), diseñado en 1997. Esta prueba consiste en mostrar fotografías de la región de los ojos de distintas personas y pedir al sujeto que identifique la emoción o estado mental que expresa la mirada.

Entre otros instrumentos empleados en la evaluación neuropsicológica de la ToM destacan los siguientes:

  • Las Historias Extrañas de Happé presentan situaciones en las que un personaje realiza comentarios irónicos, sarcásticos o con intención implícita que el evaluado debe identificar.
  • El Test de Paso en Falso (Faux Pas Test), creado por Baron-Cohen et al. (1999), requiere que el sujeto identifique un comentario imprudente o inapropiado en una situación social, por ejemplo, revelar accidentalmente una fiesta sorpresa.
  • La Batería de la ToM (B-ToM) agrupa múltiples tareas de complejidad creciente, organizadas en subescalas que evalúan distintos niveles de desarrollo mentalista.
  • El Test de Insinuaciones presenta historias con mensajes implícitos que deben ser detectados sin recurrir a la ironía ni al sarcasmo, sino solo a través de inferencias.

Además, dentro de la práctica clínica actual, es posible complementar estas pruebas específicas con baterías más amplias de Tests neuropsicológicos, como la NEPSY-II, que permiten obtener una visión integral del funcionamiento cognitivo y contextualizar los resultados de la Teoría de la Mente dentro del perfil global del paciente.

Es importante señalar que la evaluación de la ToM no se limita a casos de personas con autismo o sospecha de diagnóstico autismo. La investigación reciente muestra que las otros trastornos del neurodesarrollo, como el síndrome de Tourette y el trastorno obsesivo-compulsivo de inicio en la infancia, así como en condiciones como la esquizofrenia, los trastornos de personalidad o las enfermedades neurodegenerativas también muestran diferencias en el uso de la ToM. Esto subraya la importancia de evaluar la ToM como parte de una valoración neuropsicológica integral, más allá del diagnóstico de TEA.

Relación entre teoría de la mente y autismo (TEA)

El vínculo entre la ToM y el Trastorno del Espectro Autista ha sido uno de los ejes centrales de la neuropsicología del desarrollo durante las últimas cuatro décadas. Baron-Cohen, Leslie y Frith (1985) fueron los primeros en proponer, de forma sistemática, que las dificultades sociales y comunicativas características del autismo podían explicarse, al menos en parte, por una dificultad específica en la capacidad de atribuir estados mentales a uno mismo y a los demás. Esta hipótesis, conocida como hipótesis de la «ceguera mental» (mindblindness), tuvo un impacto transformador en la comprensión clínica e investigadora del autismo.

No obstante, en los últimos años esta visión se ha ido matizando. La evidencia actual muestra que no todas las personas con TEA presentan dificultades en ToM, y que, a su vez, personas sin TEA o con otros perfiles clínicos también pueden mostrar un rendimiento bajo en estas tareas. Es decir, las dificultades en teoría de la mente no son exclusivas ni definitorias por sí mismas del autismo, y por sí solas no explican la complejidad de las dificultades sociales.

En consecuencia, la investigación reciente ha puesto el foco en la necesidad de considerar otros factores. Ha cobrado especial relevancia la llamada teoría de la doble empatía, propuesta por Damian Milton, que plantea que las dificultades en la comprensión mutua no son unidireccionales, sino bidireccionales: no solo las personas con TEA pueden tener dificultades para interpretar a personas neurotípicas, sino que también ocurre en sentido inverso. Desde esta perspectiva, las dificultades en teoría de la mente no dependen únicamente de la persona, sino que emergen en la interacción entre individuos con formas distintas de procesar y entender el mundo.

Este cambio de enfoque no implica que la ToM deje de ser clínicamente relevante o que no se tenga que evaluar en profundidad. Su evaluación sigue siendo fundamental, pero debe interpretarse siempre en contexto. No basta con medir la capacidad de inferir estados mentales de forma aislada, sino que es necesario considerar en qué entornos se desarrolla la persona, qué apoyos recibe y cómo se producen sus interacciones cotidianas.

Desde la neuropsicología, también se han propuesto varios modelos explicativos complementarios para entender las dificultades del TEA. La teoría de la ToM ofrece una explicación cognitiva de las dificultades sociales y comunicativas. La teoría de la función ejecutiva, por su parte, señala que muchas de las características del TEA —como la rigidez, las conductas repetitivas y la dificultad para planificar y adaptarse a los cambios— pueden explicarse por alteraciones en las funciones ejecutivas, incluyendo la planificación, la flexibilidad cognitiva, la inhibición y la memoria de trabajo. La teoría de la coherencia central débil (weak central coherence), desarrollada por Uta Frith, propone que las personas con TEA tienden a procesar la información de manera fragmentada y orientada al detalle, con dificultades para integrarla en un todo coherente. Estos tres modelos no son excluyentes, sino que se complementan para ofrecer una comprensión más integral del TEA.

Actividades para trabajar la teoría de la mente en niños y adultos

Dado que las personas con TEA pueden desarrollar habilidades mentalistas si reciben la estimulación adecuada, el trabajo sistemático de la ToM debe ser parte esencial de cualquier plan de intervención neuropsicológica y educativa. La evidencia empírica disponible indica que, aunque la generalización de los aprendizajes a situaciones cotidianas puede ser limitada, las intervenciones específicas producen mejoras reales en el reconocimiento emocional, la comprensión de intenciones y las habilidades sociales. A continuación se presentan las principales actividades y estrategias utilizadas tanto con niños como con adultos.

Es importante señalar que este trabajo no debe centrarse únicamente en la persona con TEA, sino también en su entorno. La implicación de la familia, la escuela y el grupo de iguales es fundamental, así como la práctica y generalización de estas habilidades en situaciones reales del día a día, más allá del contexto terapéutico.

  1. Trabajo con los sentidos y la perspectiva visual

Una de las bases del trabajo mentalista es enseñar que las personas solo conocen lo que han visto o escuchado. Mediante ejercicios con los cinco sentidos y situaciones cotidianas, se trabajan las relaciones entre «ver» y «saber», y entre «oír» y «saber». Por ejemplo, se puede tapar los ojos del niño o de la persona adulta mientras se cambia algo del entorno, para que descubra que no sabe lo que ocurrió porque no lo vio.

  1. Reconocimiento de emociones

El reconocimiento de estados emocionales simples —alegría, tristeza, miedo, enfado— y complejos —vergüenza, culpa, sorpresa, aburrimiento, disculpa— es un paso esencial. Para ello se utilizan imágenes de expresiones faciales, vídeos de situaciones reales y actividades de asociación entre emociones y situaciones cotidianas. 

  1. Tareas de falsa creencia adaptadas

Las tareas de falsa creencia pueden adaptarse para el trabajo terapéutico. Una actividad consiste en presentar al niño una caja cerrada con un objeto sorpresa dentro, preguntarle qué cree que hay, abrirla para mostrar el contenido real y luego preguntarle qué pensará otra persona que no ha visto el interior cuando le muestren la caja cerrada. Esta actividad trabaja directamente la comprensión de que los demás tienen representaciones mentales distintas a la propia.

  1. Role-playing e historias sociales

El juego de roles es una de las herramientas más poderosas para el desarrollo de la ToM. A través de situaciones sociales simuladas, el participante puede practicar la interpretación de los estados mentales de otros en un entorno seguro y estructurado. 

  1. Uso de recursos digitales y materiales especializados

Existen recursos específicamente diseñados para el trabajo de la ToM en personas con TEA. Estos recursos son especialmente útiles para el trabajo domiciliario y para facilitar la generalización de los aprendizajes al entorno familiar.

En este contexto, el desarrollo de tecnologías inclusivas ha supuesto un avance significativo, al permitir diseñar herramientas digitales adaptadas a diferentes perfiles cognitivos y necesidades específicas. Estas tecnologías facilitan la personalización de las actividades, el uso de apoyos visuales y la creación de entornos más accesibles y motivadores, favoreciendo tanto el aprendizaje como la generalización de las habilidades mentalistas a la vida cotidiana.

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