Flexibilidad cognitiva: ¿qué ejemplos hay y qué ejercicios existen para trabajarla?

La flexibilidad cognitiva es una capacidad multidimensional, compuesta por subtipos como el cambio de tareas, el cambio de conjuntos y el mapeo estímulo-respuesta, y no una habilidad única o uniforme. El entrenamiento de la flexibilidad cognitiva puede mejorar el rendimiento intelectual y la gestión emocional, pero la evidencia sobre su impacto directo en las relaciones personales es limitada y no está plenamente establecida en la literatura científica. En este artículo veremos qué es exactamente la flexibilidad cognitiva, ejemplos claros en la vida real y una amplia lista de ejercicios y actividades para trabajarla tanto a nivel individual como en contextos educativos o laborales. Además, revisaremos recomendaciones prácticas para mejorarla de forma sostenida en el tiempo.

¿Qué es la flexibilidad cognitiva?

La flexibilidad cognitiva es la capacidad de adaptar el pensamiento y el comportamiento ante demandas cambiantes, lo que implica cambiar de estrategia, perspectiva o respuesta cuando la situación lo exige. Es lo que permite ajustarse cuando algo no sale como esperábamos. En lugar de quedarse “atascado” en una sola forma de ver las cosas, la flexibilidad cognitiva facilita la actualización de ideas, conductas o planes, especialmente ante información nueva, reglas distintas o situaciones inesperadas. Desde la neuropsicología, se considera una función ejecutiva. Es decir, una capacidad de alto nivel relacionada con el lóbulo frontal y otras regiones como el parietal y la corteza cingulada, que coordina procesos como:
  • La planificación
  • La inhibición
  • La toma de decisiones
En términos sencillos, es la versatilidad mental. Esta habilidad se relaciona con:
  • La inteligencia fluida
  • El pensamiento divergente
  • La creatividad
Porque facilita generar respuestas novedosas y mirar un problema desde distintas perspectivas.

Dimensión social y emocional de la flexibilidad cognitiva

La flexibilidad cognitiva no es solo “mental”. Tiene una dimensión social y emocional muy importante. Nos ayuda a:
  • Comprender otros puntos de vista
  • Ajustar nuestro comportamiento según el contexto
  • Tolerar mejor la incertidumbre
  • Manejar la frustración
Por eso, una buena flexibilidad cognitiva se asocia con:
  • Mejor adaptación al entorno
  • Menor estrés en determinadas situaciones
  • Mejor capacidad de afrontamiento ante cambios vitales
Aunque la relación depende de factores individuales como la regulación emocional y la resiliencia, en definitiva, es una de las habilidades que más influyen en cómo nos adaptamos al mundo que cambia constantemente.

¿Qué ejemplos hay de flexibilidad cognitiva o mental?

Los ejemplos de flexibilidad cognitiva son muy visibles en la vida diaria, aunque muchas veces pasan desapercibidos. Aparecen en el trabajo, en los estudios, en la vida social y hasta en decisiones pequeñas, como cambiar de ruta cuando hay tráfico. Algunos ejemplos cotidianos claros son:
  • Cambiar de estrategia de estudio cuando un método no funciona, por ejemplo, pasar de releer apuntes a hacer esquemas o ejercicios prácticos antes de un examen, refleja el subtipo de cambio de conjunto o “set shifting”.
  • Adaptarse a un cambio de proyecto o de prioridades en el trabajo, reorganizando tareas y objetivos sin quedarse bloqueado en el plan inicial, implica tanto cambio de tareas como ajuste de mapeo estímulo-respuesta.
  • Aceptar comentarios o críticas constructivas y utilizarlos para mejorar, en lugar de reaccionar de manera defensiva o rígida, involucra flexibilidad emocional y social, que está vinculada pero no es idéntica a la flexibilidad cognitiva.
  • Modificar la forma de comunicarse según la persona o la situación, como ajustar el tono cuando alguien está frustrado o cambiar de tema si una conversación se vuelve incómoda, es un ejemplo de adaptación contextual, que puede requerir tanto flexibilidad cognitiva como social.
  • Encontrar soluciones alternativas ante un imprevisto, por ejemplo, replanificar un viaje cuando se cancela un transporte o buscar nuevas vías para alcanzar una meta profesional, corresponde a pensamiento divergente y generación de alternativas, aspectos relacionados pero no equivalentes a la flexibilidad cognitiva.
  En el ámbito educativo, mostrar flexibilidad cognitiva incluye probar distintos métodos de aprendizaje, cambiar de enfoque ante una materia difícil o integrar nuevas perspectivas que desafían ideas previas. En contextos sociales, implica ser capaz de ver un conflicto desde el punto de vista de la otra persona, negociar acuerdos intermedios y ajustar las expectativas cuando la realidad no coincide con lo planeado. También se observa flexibilidad cognitiva en tareas de pensamiento divergente, como generar múltiples ideas posibles ante un mismo estímulo o contemplar varios usos diferentes para un objeto cotidiano. Estos ejercicios de “fluidez y flexibilidad ideativa” permiten valorar cuántas ideas se producen y cuán variadas son, lo que refleja un funcionamiento flexible del pensamiento, aunque la flexibilidad cognitiva abarca más que solo la fluidez ideativa.

¿Qué ejercicios o actividades existen para trabajar la flexibilidad cognitiva?

La flexibilidad cognitiva se puede entrenar a través de juegos, tareas de papel y lápiz, actividades físicas y dinámicas de grupo. Lo importante es proponer desafíos que obliguen a cambiar de regla, estrategia o punto de vista de forma repetida. Algunas actividades recomendadas en neuropsicología y educación son:
  • Juegos con cartas: formar grupos por palos y, de repente, cambiar a agrupar por color, o pasar de ordenar de mayor a menor a hacerlo de menor a mayor. Esta alternancia de criterios entrena el cambio de regla mental (“set shifting”), que es un componente central de la flexibilidad cognitiva.
  • Juegos de colores y formas: pedir que la persona diga primero los colores de una serie de figuras y luego, a mitad de la tarea, que nombre las formas, volviendo a cambiar después. Aquí se trabaja la atención selectiva y cambio de criterio, aspectos validados en paradigmas de cambio de tarea.
  • Juegos de reacción rápida: el jugador debe identificar rápidamente el objeto correcto según reglas cambiantes, lo que entrena velocidad de procesamiento y flexibilidad, aunque la evidencia sobre la transferencia de estos beneficios es heterogénea.
  • Ejercicios de resolución de problemas y rompecabezas lógicos: sudokus, acertijos, enigmas o puzzles que requieran probar varias vías hasta encontrar la solución, aunque la mejora en la flexibilidad depende del nivel de desafío y de la adaptación de la tarea.
  • Actividades con música y ritmo para niños, como aplaudir siguiendo patrones que cambian o alternar entre cantar y realizar movimientos específicos. Estas tareas trabajan atención, control inhibitorio y flexibilidad, pero la evidencia sobre su impacto específico en flexibilidad cognitiva es limitada.
  En el contexto infantil se utilizan también juegos de memoria, actividades físicas con reglas (como juegos de persecución en educación física) y dinámicas en las que los niños deben cambiar la respuesta en función de una señal, favoreciendo así el desarrollo de las funciones ejecutivas. En adultos, además de juegos de mesa y ejercicios cognitivos, se emplean programas específicos de rehabilitación y entrenamiento digital que incluyen tareas de cambio de tarea (“task switching”) y ajuste a nuevas instrucciones, aunque la transferencia a la vida diaria es variables y depende del tipo de intervención. La evidencia actual indica que la actividad física, especialmente de tipo abierto (como deportes de equipo o actividades que requieren adaptación constante), puede mejorar la flexibilidad cognitiva, aunque los efectos son más consistentes en intervenciones con alta demanda cognitiva.

¿Cómo mejorar la flexibilidad cognitiva?

Aunque la flexibilidad cognitiva tiene una base neurológica, es una capacidad plástica que puede desarrollarse a cualquier edad con práctica sistemática, especialmente mediante intervenciones que combinan entrenamiento cognitivo, actividad física y experiencias en entornos enriquecidos. La clave está en la repetición de experiencias que exijan cambiar de enfoque y en una actitud consciente de cuestionar los propios automatismos. A modo de guía, se pueden seguir estos pasos:
  1. Detectar los momentos de rigidez mental Identificar en qué situaciones cuesta más cambiar de opinión, aceptar un cambio de plan o probar una estrategia diferente. Observar estos patrones es el primer paso para trabajar sobre ellos.
  2. Introducir pequeños cambios deliberados Modificar rutinas sencillas (caminar por otro camino, reorganizar la agenda, variar el orden de las tareas) entrena la capacidad de adaptación en contextos de bajo riesgo. Estos microcambios actúan como “gimnasio” diario de flexibilidad.
  3. Combinar ejercicios cognitivos y físicos Alternar actividades mentales (rompecabezas, juegos de lógica, cambios de reglas) con ejercicios motores que exijan seguir instrucciones y adaptarse a nuevas consignas potencia el efecto, siendo especialmente efectivo el entrenamiento simultáneo de tareas cognitivas físicas (“cognitive-motor dual- task”).
  4. Practicar el cuestionamiento de creencias y suposiciones Ante un problema o conflicto, preguntar: “¿Qué otra explicación podría haber?”, “¿qué no estoy teniendo en cuenta?” o “¿qué pensaría otra persona en mi lugar?”. Este tipo de auto-cuestionamiento fomenta el cambio de perspectiva.
  5. Buscar entornos que valoren la flexibilidad Contextos educativos, laborales o terapéuticos que promuevan la creatividad, la reflexión crítica y la diversidad de ideas facilitan el desarrollo de la flexibilidad cognitiva.
En definitiva, mejorar la flexibilidad cognitiva supone integrar ejercicios estructurados, hábitos cotidianos y una actitud general de curiosidad y apertura. Con el tiempo, esta habilidad se traduce en una mayor capacidad para afrontar cambios, resolver problemas de manera creativa y construir relaciones más empáticas y adaptativas. En el ámbito clínico y educativo, la flexibilidad cognitiva se estudia y analiza a través de pruebas neuropsicológicas específicas que permiten evaluar cómo una persona se adapta a cambios de reglas, alterna tareas o modifica su respuesta ante nuevas demandas. Estas pruebas no solo miden si existe dificultad, sino también qué componentes concretos están implicados, como el cambio de conjunto (“set shifting”) o el ajuste estímulo-respuesta. En este sentido, las herramientas de realidad virtual han permitido avanzar en la evaluación de las funciones ejecutivas en entornos dinámicos y con alta demanda atencional. Pruebas como Nesplora Executive Functions Ice Cream y Nesplora Aquarium integran tareas que requieren adaptación continua a cambios de consigna, inhibición de respuestas automáticas y ajuste del comportamiento ante estímulos variables. En Nesplora Executive Functions Ice Cream, la herramienta evalúa distintos componentes de las funciones ejecutivas en un entorno inmersivo que simula situaciones cotidianas. A lo largo de la prueba, la persona debe adaptarse a modificaciones en las instrucciones, alternar criterios de respuesta y mantener el rendimiento pese a la presencia de distractores ambientales. Esto permite analizar procesos como el cambio de tarea (“task switching”), el mapeo estímulo-respuesta y la capacidad de ajuste ante reglas cambiantes. Por su parte, Nesplora Aquarium, orientado a población adolescente y adulta, evalúa procesos atencionales y ejecutivos en un entorno inmersivo donde las demandas cambian progresivamente. La necesidad de adaptar la respuesta ante nuevas instrucciones o ante interferencias ambientales ofrece información objetiva sobre cómo se manifiesta la flexibilidad cognitiva en contextos más cercanos a situaciones cotidianas. Este tipo de evaluación aporta una medida más ecológica del funcionamiento ejecutivo, complementando las pruebas tradicionales de papel y lápiz y permitiendo comprender mejor cómo la flexibilidad cognitiva se expresa en escenarios complejos y dinámicos.  

Fuentes de referencia

Comparte este artículo

New Nesplora 
online application

Nesplora
desktop application

New Nesplora 
online application

Nesplora
desktop application